La no noticia satelital de último momento./

Hacia comienzos de 2014, tuve la oportunidad de participar en un concurso/licitación para el re-diseño de identidad de una empresa.
El primer acercamiento fue que se trataba de una empresa que dependía del gobierno y tenía algo que ver con las antenas de cable, que tenía un logo noventoso y se llamaba “ARSAT”.

ARgentina SATelital… ¿cómo llamarse de otra manera?
La desconocía, pero un amigo me dijo “es una empresa muy grande a nivel nacional… tengo un amigo que trabaja ahí, hacen antenas de cable”. Me preguntaron si estaba en condiciones de encarar el desarrollo, había pocos días para entregar todo el material y debía competir con otros 3 estudios. Estaban a punto de llegar las vacaciones, pero como todo diseñador amante del riesgo y los tiempos cortos, dije si. Algo así como una semana, de armado de presupuesto y propuesta a la vez. Llega el momento en que no tenés idea cuántos ceros agregarle al presupuesto, tipear/borrar/tipear/borrar y así horas y horas.

El eterno debate, la eterna lucha interna por no prostituirte y el miedo al click en el botón “Enviar”.
Me atrapaba un poco la sensación de competencia, esta cuestión de medirte con otros y ver qué pasa, muy de nuestra profesión. Pero sobre todo, el medirme a mí mismo.

El desarrollo fue encarado como todos los proyectos que desarrollo últimamente… con una sola propuesta. Las bases decían “hasta 3 propuestas”, algo que me parece bastante poco profesional y peca de pretencioso. Recordemos que uno debe desarrollar una propuesta de manera “gratuita”, esperando poder ganar y recuperar esa inversión de tiempo, creatividad y resolución… así que tres (3) me parecía algo descabellado.

Era la primera vez que participaba en este tipo de licitaciones y tengo entendido que son muy comunes. Armar una carpeta, contar lo que uno hace, la capacidad que tiene, lo genial que es, escribir una y otra vez su currículum y sus logros…etc.

Enviar todo en un sobre y esperar.
Llegaron las vacaciones y me olvidé un poco del tema. Vinieron otros proyectos, otras cuestiones más cotidianas y en el medio me entero que uno de los “competidores” era un estudio que, según Linkedin, tiene “entre 11 y 50 empleados”. Un estudio donde yo mismo fui a buscar trabajo hace ya más de 12 años y jamás pasé la primera entrevista. Me tenía algo de fe, pero entendí (luego de empezar a ver que el cliente era cada vez más nombrado por los medios) que no había posibilidades de ganar la cuenta. A las semanas llegó el veredicto y lo tomé como una victoria.

Resultado final: “Cebollita” Segundo, atrás del monstruo de 50 empleados. Segundo por una nariz. GUAPO_Arsat_resultado Segundo por 2 puntos. Puntos que claramente no podría alcanzar nunca: trayectoria y recursos humanos.
Te recorre algo de frustración y de pena, porque te invade el sentimiento de obviedad. Me salvó haber entendido desde el primer momento cuál era el motivo por el cual participaba.

En estos días en donde ARSAT ya dejó de ser en mi cabeza (y en la de todos los argentinos y argentinas) “una empresa que hace antenas de cable”, me atropellaron los recuerdos de esa semana de corridas casi facultativas, impresiones, cutter y cinta bifaz.

Viendo el acontecimiento espacial y recurriendo a un último juego de palabras, creo realmente que “no estaba a la altura”. Por momentos me reconforta más ese momento de subcampeón y el haber estado en la misma consideración que un tipo al que le fui a pedir trabajo en mis años inexpertos, que el haber ganado un cliente monstruoso.

En fin, este es mi aporte al #hashtag del momento.

#ARSAT-1 traé alfajores.
3… 2… 1…